The Imposter

by Yeny Rowley

“But seek first the kingdom of God and his righteousness, and all these things will be added to you”

(Matthew 6:33, ESV).

 

As a child, I saw a book on my mom’s nightstand. My eyes widened the day I learned to read its title, How to Become a Writer. I connected it with the author of the book my mom had read to me. But it never crossed my mind I could write a book.

Many years later, my mom encouraged me to pursue writing. The same week, two other people also urged me toward the craft.

With a college degree in a different field, I had doubts. But I began to write —just to write. Acquaintances’ feedback nudged me to join a critique group to polish my translated manuscripts from Spanish to English.

I began to submit pieces to contests where my work won awards. But feelings of inadequacy persisted despite success. Every time I initiated a new project, I questioned my qualifications. Fear convinced me I was not as competent as others perceived.

I learned these symptoms define impostor syndrome. I searched for solutions without avail. Mental attacks coupled with the discomfort from a frozen shoulder suggested God was closing the writing door.

Nonetheless, I continued my morning Bible reading and copying Scriptures. I read the Bible to my children daily. I comforted troubled friends and relatives with texts or emails, using the Scriptures I had copied earlier. Soon, my texts grew into lengthier messages and my messages evolved into devotions. I realized God was not the one closing my writing door.

Matthew 6:33 tells me to seek the I AM. Instead, I sought self-efficacy. When I transferred the focus from my self-doubts to comforting others with written messages, my perspective changed.

Perhaps you can relate. We disqualify ourselves as impostors when we believe the power of man-made labels.

I learned that when we doubt our ability, we are working in our own strength. But when we seek and allow God to flow through us, the weight of self-doubt lifts, and we write in his power.

 

Father in heaven, forgive us when we house wrong beliefs. Your Word promises us that when we open wide our mouths, you will fill them (Psalm 81:10). Help us to open not only our mouths but our computer files and notebooks in faith, assured that you will fill them through us. And prepare the heart of our audience to receive it. We ask in Jesus’ name, Amen.

 

Born in Mexico, Yeny Maria Rowley, moved to the U.S.A. over twenty years ago. Her relocation challenges revived her relationship with God and are the impetus for her English-Spanish devotions seeking to bridge immigrants’ generational and cross-cultural gaps. Yeny lives in central Florida with her husband and two children. Contact her at yenyrowley@yahoo.com

3 thoughts on “The Imposter”

  1. (Spanish Translation /Traducción al Español)

    SÍNDROME DEL IMPOSTOR por Yeny Rowley

    “Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas”. Mateo 6:33 (NVI)

    Cuando era niña, vi un libro en la mesita de noche de mi madre. Mis ojos se engrandecieron el día que aprendí a leer su título, “Cómo Volverse Escritor.” Lo conecté con el autor del cuento que mi madre me había leído. Pero nunca me pasó por la cabeza que yo pudiera escribir y mucho menos un libro.
    Muchos años después, mi madre me animó a escribir las cosas que platicábamos. La misma semana, otras dos personas me insistieron a que escribiera también.
    Con un título universitario en un campo diferente, tenía mis dudas. Pero empecé a escribir, sólo por escribir. Los comentarios de algunas personas influyeron para decidir unirme a un grupo de crítica para pulir mis manuscritos traducidos del español al inglés.
    Después me animé a mandar mis escritos a concursos donde mi trabajo ganó premios. Pero mis sentimientos de ineptitud persistieron a pesar del éxito. Cada vez que iniciaba un nuevo proyecto, cuestionaba mis aptitudes. El miedo me convenció a pensar que yo no era tan competente como otros percibían.
    Aprendí que estos síntomas definen el síndrome del impostor. En vano buscaba soluciones para contrarrestar este síndrome. Los ataques mentales junto con los malestares de una capsulitis de hombro sugirieron que Dios estaba cerrando la puerta de la escritura en mi vida.
    Sin embargo, continué con mi lectura diaria de la Biblia y copiando Escrituras en un cuaderno. Seguí leyendo la Biblia a mis hijos cada noche. En ocasiones consolé a amigos y familiares con mensajes de texto o correos electrónicos usando las Escrituras que había copiado esa mañana. Pronto, mis textos se convirtieron en mensajes más largos y dichos mensajes demandaban volverse devocionales. Me di cuenta entonces que Dios no era el que cerraba mi puerta de la escritura.
    Mateo 6:33 me dice que busque al YO SOY, pero en cambio yo busqué mi autosuficiencia. Cuando transferí el enfoque desde mis dudas sobre mi habilidad para consolar a los demás con mensajes escritos, mi perspectiva cambió.
    Tal vez te puedas identificar con esto, y juntos nos descalificamos a nosotros mismos como impostores cuando creemos en el poder de las etiquetas hechas por el hombre.
    Aprendí que cuando dudamos de nuestra capacidad, estamos trabajando en nuestras propias fuerzas. Pero cuando buscamos y permitimos que Dios fluya a través de nosotros, el peso de la duda deja de oprimirnos, y escribimos en Su poder.

    Padre celestial, perdónanos cuando albergamos creencias equivocadas. Tu Palabra nos promete que cuando abrimos bien la boca, Tú las llenarás (Salmo 81:10). Ayúdanos a abrir no sólo nuestras bocas sino también a abrir en fe nuestros archivos en la computadora y cuadernos, con la certeza de saber que Tú los llenarás a través de nosotros. Y prepara el corazón de nuestra audiencia para recibir Tu mensaje. Te pedimos en el nombre de Jesús, Amén.

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